1. Pega las piezas
Para empezar, limpia bien con la ayuda de un trapo la superficie del espejo que vas a utilizar como base – en nuestro caso, el modelo MALMA de Ikea- para empezar a pegar los cristales. Aplica hilos de un adhesivo capaz de unir cristal y madera y ve pegando los cristales de colores poco a poco, componiendo tu mosaico. Cuando acabes, deja secar.
El adhesivo que hemos utilizado nosotros es Montack, de Ceys, un adhesivo de montaje multimaterial.





2. Rellena los huecos
Una vez estén bien pegados todos los cristales sobre el espejo base, componiendo el mosaico, es el momento de darle ese toque extra que hará que el acabado mejore mucho. Para rellenar los huecos entre las diferentes piezas del mosaico, usa una masilla blanca ligera que le dará más consistencia a tu diseño. Hemos utilizado un producto que se llama Muralight, pensado para tapar defectos o gritetas en soportes absorbentes o semiabsorbentes. Se seca rápido, es fácil de aplicar y se puede usar en interior y exterior.
Aplica la masilla con la ayuda de una espátula, cubriendo todos los huecos que hayan quedado entre los cristales. Cuando hayas tapado todas esas ranuras, coge un trapo y retira el exceso de producto.





¡Tachán! ¿Crees que hemos mejorado el espejo o te gustaba más antes? ¡Dinos en los comentarios! 🙂 Si quieres otra idea para hacer un espejo muy molón, ojo a este tutorial: espejo de pared con un cinturón.
